
Esto amenaza con convertirse en una tradición en este blog pero tal y como te contaba el año pasado más o menos a esta misma hora, me llena de orgullo y satisfacción – que diría el Clásico – contarte un nuevo episodio de la labor que desarrollamos las Embajadas en este caso, en versión teatral y donde las tablas asume el papel central de la escena, nunca mejor dicho.
Si me vienes siguiendo, recordarás la Compañía de Teatro Lago Paranoá que el genial José Suárez tuvo a bien inventarse hace algunos años y que desde entonces viene representando algunas de las piezas más señeras del teatro español en Brasil en lo que a la postre supone una fantástica labor de promoción y difusión de la lengua y la cultura española que lleva a cabo la Embajada de España a través de su Consejería Cultural.
Si el año pasado fue
nada menos que Don Miguel de Cervantes y el anterior el
genial Enrique Jardiel Poncela, este año ha sido el no menos venerado Carlos Arniches el dramaturgo revivido por la Compañía a través de la puesta en escena de una de sus obras más clásicas, fiel representante de su tragedia grotesca de cien años atrás y que hoy, como ayer, ha hecho las delicias del público que abarrotaba el auditorio del Instituto Cervantes de Brasilia.
Huelga decir que se trata de una labor impagable que esconde muchas horas de preparación, de ensayos y de trabajo arrancadas del día a día que con grandes dosis de ilusión y compromiso que terminan por inundar la escena. Los más tradicionales dirán aquello de “gran éxito de crítica y público”, algo que no está nada mal sobre todo si tenemos en cuenta que el plantel incluye un elenco de actores y actrices aficionados que con tanto ardor como disposición han conseguido revivir el teatro español en Brasil.
Grandiosa la desvergüenza de Bermejo y memorable la continuidad de Don Valeriano sujetando la obra; cautivadora la candidez de Carita e impagable el esfuerzo de su no-prometido Luis; rotunda la sensatez de Don Segundo - con su alter ego siempre presente a pesar de la distancia - y una vez más, inolvidable la espléndida naturalidad de Doña Tomasa. Ingeniosa genialidad la del Doctor Hidalgo y divertida la (in)sana curiosidad de Las de Palomo saciada por el magnífico Señor Cárceles, el mejor jurisconsulto Rigor Mortis a este lado del Río Amazonas. Rotundo el ímpetu castizo de la Hipólita con sus cuatro Bermejitos y meritorio, como siempre, el infinito compromiso de la Señora Matea. Y sorprendente conclusión final la aparición del inquietante Saturnino por no hablar de la sensual Genovevita y su precioso oportunismo durante toda la función.
Y todo ello bajo la espléndida batuta del tándem de Directoras, noveles en estas lides, quienes con tanto arrojo como ilusión han logrado tirar de la Compañía con el siempre inestimable apoyo de apuntadora, luces y maquillaje, cada uno en su papel y moviendo los hilos entre bambalinas para, todos juntos, lograr un maravilloso resultado final.
Toda una historia, en fin, con planteamiento, nudo y desenlace de un proyecto, una idea, una ilusión.
Aquí acaba la historia al menos por este año y hasta que dentro de unos meses el gusano de las tablas vuelva a despertar para resurgir de nuevo por el bien y para el bien de la presencia española en Brasil.
Solo resta agradeceros a vosotros, queridos miembros de la Compañía, el inmenso esfuerzo y el empeño que habéis demostrado y reconocerlo en el sentido más profundo de la expresión ya que, al fin y al cabo, también vosotros sois parte de nuestra política exterior. Eso que os lleváis y eso que recordaremos con el cariño y la ternura que lograron "hacer Equipo" y dejar vuestra huella para siempre a orillas del Lago Paranoá.
Mucha suerte y hasta pronto.
jorge.mijangos@maec.es
@Jorge_Mijangos_
